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La fuga

Celular. A él le llegan las notificaciones. Del zaguán que separa la pieza del living no llega ni viento ni ruido, a pesar de que allá están las ventanas abiertas. Aquí solo una mesa ratona, con la tabaquera tejida a crochet por Ana abierta, el libro de Saer apoyado boca abajo de modo tal que su fotografía en la contratapa parece mirarme, un cenicero de madera, y el rumor incesante del ventilador, del cual me separa la mesa recién levanta, en la que ay todavía, en su extremo más cercano al futón, las cosas que dejé sin levantar al momento de extender el mantel sobre ella doblado a la mitad. Armé y encendí un cigarrillo cuando me faltaban cinco páginas para terminar La Pesquisa, un poco para deleitarme con el sabor del tabaco mentolado por el filtro al tiempo que me deleitaba la prosa, un poco para imitar a Tomatis, quien después de sacar su cigarro, encenderlo y proferir sus usuales ademanes teatrales en la obra Saeriana, daría la estocada final con una interpretación del caso narrado ...

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