Lucky Rivers y lo que vuelve a pasar
La noche empezó con un pebete contrabandeado. Terminó con un pucho y una coca. Pero en el medio sucedió Lucky Rivers y Malditos perros secuaces. El recital fue extenso. Presentación de su segundo disco, Binario. Mi tema favorito de todos fue el que hizo Lucas con mi amiga personal Charo Centeno, “Vuelve a pasar”. No solo por haberlo interpretado con mi amiga personal Charo Centeno si no porque la progresión de acordes la podría haber compuesto yo, tal como me señaló mi contrabandista de pebetes personal, Lautaro Mauro. El recital también tuvo otras sorpresas como la aparición de Lari Spector en las teclas, Nahuel Maquet en el bandoneón, un cover de una banda desconocida y acá me quiero detener.
En el Güemes,
donde también se hace Bohemia y muchas fiestas de similar índole, en un show de
casi una hora (O tal vez una hora, o tal vez más), se espera el agite, la
captatio benevolentae de la que hablaba Cicerón. El público debe ser
conquistado por simpatía, empatía, etc. como bien hizo el cantante de Malditos
perros secuaces tirándose un insane ass beatbox en el que mechó el tema
principal del Chavo del 8 y un pasaje de RKT que hizo reír y prender
respectivamente al auditorio ¿Con qué motivo harías el cover de una banda que
te importa íntimamente a vos, porque tu mamá te llevaba a ver la banda, y
probablemente a nadie más, ni siquiera a los de tu banda? Y no solo eso, si no
tocarla y tener que cantarla vos leyendo la letra porque el cantante de la
banda del cover no pudo asistir y te trabás porque la letra es chiquita.
Si bien considero
a todo ese cover, con su antes y su después, como el epítome de lo que
considero la actitud de Lucky Rivers, debo decir que esa actitud tiñó toda la
presentación. No solo tiñó, si no que le dio origen. La banda está muy
ajustada, muy bien la interpretación y muy bien segmentados los pasajes, pero
late esa actitud indescifrable en los shows que me hace sentir como en un
festival de mi secundaria. Quizá porque
la primera vez que los vi fue en un estado etílico incipiente en El Rito
(fiesta histórica de la facultad de Humanidades), frente a una cantidad considerablemente
menos de gente que en el Güemes, mucho más dispersa, con un pésimo sonido, lo
cual determinaría mi recepción a sus demás shows. Quizá también porque el
contrabandista de pebetes especializado Lautaro Mauro es uno de los mejores
amigos que conservo de la secundaria y tocamos muchas veces en festivales de
secundaria con Pulpería, junto con Charo. Pero si quitamos esas circunstancias
coyunturales, del momento y personales, la banda sigue transmitiendo lo mismo. Es
una mezcla, creo yo, de la empatía que genera ver a un coetáneo sobre un
escenario prestigioso y la calidad de la música que ejecuta. Todo eso devuelve
al sujeto oyente a un estadío de recepción liberado de envidias y prejuicios,
donde prima la risa y la sonrisa como
herramienta principal para afrontar la vida.
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