La fuga
Celular. A él le llegan las notificaciones. Del zaguán que separa la pieza del living no llega ni viento ni ruido, a pesar de que allá están las ventanas abiertas. Aquí solo una mesa ratona, con la tabaquera tejida a crochet por Ana abierta, el libro de Saer apoyado boca abajo de modo tal que su fotografía en la contratapa parece mirarme, un cenicero de madera, y el rumor incesante del ventilador, del cual me separa la mesa recién levanta, en la que ay todavía, en su extremo más cercano al futón, las cosas que dejé sin levantar al momento de extender el mantel sobre ella doblado a la mitad. Armé y encendí un cigarrillo cuando me faltaban cinco páginas para terminar La Pesquisa, un poco para deleitarme con el sabor del tabaco mentolado por el filtro al tiempo que me deleitaba la prosa, un poco para imitar a Tomatis, quien después de sacar su cigarro, encenderlo y proferir sus usuales ademanes teatrales en la obra Saeriana, daría la estocada final con una interpretación del caso narrado por Pichón a lo largo de la novela. La temperatura ha bajado gracias a la lluvia. Cuando cierro el libro me doy cuenta, una vez más que estoy atrapado. Me fugué. Se abrió una grieta en el espacio y en el tempo en la que el vacío (o completitud) después de la lectura me hizo caer. No diría que me tiré a esa grieta de silencio. No me esperaba, como nunca me espero al final de un libro, terminar así. Veo que en cierta forma le hice una trampa al algoritmo de las redes sociales y al aparato de vigilancia construido adrede por el capitalismo. Rompí el hechizo. N lo hice solo, de todas formas. Si ni hubiera sido por Saer, no hubiera sucedido. Dura el abismo lo que dura el cigarrillo, y a ese espacio de vacío controlado se le infiltran haces de luz del mundo, que me marcan los deseos, los compromisos, las obligaciones.
Me despido de la lectura por gusto porque voy a empezar a preparar un
final, y tras él, quizá otro, o una oposición
para concursar para una ayudantía, y tras eso, comenzará la cursada, en la que deberé
leer textos teóricos y literarios más o menos entretenidos que La Pesquisa.
Pero la sensación de haberme ido de la realidad, no señor, no me la quita
nadie.
Comentarios
Publicar un comentario