Apuntes sobre LONGANIZA de Juno

 Ostensiblemente más pequeño que el volante de una orga de la facu, el fanzine de Juno, LONGANIZA, ha sido finalizado hace aproximadamente un minuto. Quiero escribir en caliente (nunca mejor dicho) porque quiero captar los afectos de esta obra. 

Vamos al hueso ¿Qué poronga es Longaniza? Un cuento. Un cuento divertido (pero no necesariamente de finalidad humorística). Un hombre se anota a un concurso para ganarse un auto. Lo gana pero no lo quiere usar para conducir. Se lo quiere culear. Primero con forro por el tubo de escape, luego masturbándose adentro del auto a sí mismo y a la palanca de cambios. 

Cuesta hablar de un texto en el que se intuyen genealogías y tradiciones desconocidas. Hablaré de lo que me pasó a mí para llegar vía cuerpo a una verdad.

 

Lo humorístico

En primer lugar diría que Longaniza tiene destellos de humor, pero que sirven como un puntillismo superficial para ocultar otra cosa que palpita en el texto. Pienso en otro texto potencial: Longaniza si no aparecieran estos destellos, los chistes, las referencias a Enredados, etc. Ese texto, plenamente descriptivo, es de horror. Si Saer escribiera Longaniza sería un cuento horrible, que daría el mismo asco que daría El niño proletario. Pero lo escribió Juno. Reitero. Sabrá Dios el recorrido de lecturas que lleva, pero está claramente (oponiendo al voleo estilos varios) del lado Borgeano de la literatura que del lado Saeriano, con cara seria y culo cagado. 

 

Género y distribución

Volviendo al texto, retrocedería un paso en su clasificación. No es un cuento, es un relato. Secuencia de hechos, orden cronológico y tal. Pero el aura que reviste a Longaniza lo saca de esa tradición. El puntillismo cómico sumado a su circulación gratuita lo vuelve no una forma perteneciente a una institución en cierto sentido aburguesada como el cuento (género literario noble) si no un texto-impacto. Acaso como una bomba puesta en un cuartel de policía, el sentido de un reparto gratuito no busca la inserción del autor en una institución. Muy por el contrario, busca resquebrajarla, aunque sea un poco. Juno, con la distribución gratuita, va a pérdida, porque la ganancia nunca viene por el lado del dinero.

 

Arte, academia, y conjugar las dos cosas.

Me gustaría, para finalizar, dar cuenta de uno de los paratextos en la portada. Juno afirma haber escrito Longaniza “durante un atakaso artístico en un teórico de Psicología”.

Haciendo un poco de crítica genética, planteo la pregunta ¿Cómo se relacionan saber y producción estética en Longaniza? Creo que la manera más apropiada de abordar esta pregunta es trayendo a colación a Pierre Bayard, psicoanalista y teórico francés que propone una tendencia crítica con su sello personal: en vez de aplicar el psicoanálisis a la literatura, la idea sería aplicar la literatura al psicoanálisis, pues en la ficción podemos entrever el laboratorio del inconsciente y de los casos clínicos. Cosa que no es muy distinta a la que hizo Freud que, en palabras de Garayalde, funda el psicoanálisis mediante una acto de lectura, el del mito edípico.

Pues bien, lo que se representa en Longaniza es un verdadero caso de análisis donde el objeto de la pulsión y su libido está puesta en el Alfita (interesante notar como el nombre del auto, Alfa, remite al imaginario fan-fiction de alfa y omegas).¿Podemos creer, acaso, un nuevo tipo de sujeto a partir del Mati? Sí, todos sabemos que es una ejemplificación del fetichismo. Pero creo que, descartando a Bayard, la belleza y la mas fructífera relación entre arte y academia se dan en el gesto artístico de Juno de ver en un caso de análisis una posibilidad de arte.

Los analizantes, gracias a Longaniza, pasan a estar en la mira, de ahora en adelante, del ojo perverso y magnífico de Juno (ah lo adulaba).


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