Sobre Óxido y Suburbio. Ciclo de poesía y musica.

 

¿Por qué cuando escucho a un amigo leer poesía, sobre todo cuando es inédita, en hojas sueltas, me dan ganas de escribir? Es la pregunta que me surgió escuchando leer a Manuel Bozzo, Matías Vázquez y Manuel Díaz en el ciclo músico-poético “Óxido y Suburbio”, en el bar Hevale. Yo me fui para arriba con Valdo y Chango. Pedimos una pizza y unas papas. Antes de la lectura, Luna Victoria y Agustina Gastaldi dijeron unas palabras y explicaron la falta de micrófono: la maldita muni, como suele suceder con cualquier cosa buena en esta ciudad podrida por la droga y el desinterés. Una vez dicho todo lo que debía decirse, leyeron sucesivamente Manuel, Matías y Manuel (Bozzo y Díaz respectivamente).

No quiero hablar de la calidad del poema ¿Quién soy yo para tal función? Simplemente quiero hablar y decir, a la manera del enamorado barthesiano. Quiero hablar y decir sobre la puesta en voz.

Zumthor (1991), en su texto Introducción a la poesía oral distingue cinco fases que definen la existencia de un poema.

1)      1) Producción

2)      2) Transmisión

3)      3) Recepción

4)      4) Conservación

5)      5) (en general) repetición

(p.33)

Dice de la performance (“la acción compleja por la que un mensaje poético es simultáneamente transmitido y percibido, aquí y ahora. Locutor, destinatario(s), circunstancias (que el texto, por otro lado, con la ayuda de medios lingüísticos, los represente o no) se encuentran concretamente confrontados, indiscutibles” p.33) que solamente abarca la fase 2 y 3, y en caso de ser improvisación, la 1, la 2 y la 3.

Pues bien, considero que en mí particularmente se activa la fase 5. Sobre todo cuando escuché a Matías Vázquez y Manuel Díaz porque el soporte que utilizaban para la trasmisión estaba desmarcado de las lógicas mercantiles a las que sí estaba sujeto el genial libro de Bozzo, Animales que no sangran (Patronus, 2026). De cierta manera, lo que llamamos “hoja suelta” lo emparentamos rápidamente a lo desprolijo, lo espontáneo, lo momentáneo, lo efímero. Pero esto lo entendemos así gracias a que existe la imprenta y el mercado editorial. Volviendo al soporte, instala una posición material de cercanía. El oyente dice “Yo también puedo”. Y creo que es lo más valioso que tienen las lecturas de cercanía (diferente a una lectura de lejanía: presentación de libros en lugares prestigiosos, autores de renombre que entregan su literatura puesta en voz): la intercambialidad potencial. Pero esa intercambialidad no se ejecuta, no es tal: mientras yo fantaseo con la lectura, veo a su vez que el que lee es otro y está dejando todo de sí en ese escenario improvisado. Entonces, la intercambialidad potencial se traduce en una suerte de fase 5, de repetición. Podríamos decir que se establece una sublimación. Hay pulsiones subjetivas que se activan a partir de la experiencia de escucha que no pueden darse tal cual, que buscan su rodeo.

Sin embargo, me sigue pareciendo reduccionista pensar el deseo de escribir a algo tan psíquico como una sublimación, o una realización de la intercambialidad potencial. Creo que sucede otra cosa.

Cabe decir que el deseo de la escritura está en mí previo a toda circunstancia de escucha. Tal vez, al escuchar a gente cercana a mí leyendo en un soporte y en una posición susceptible de intercambio, el cuerpo me reenvía a mi deseo. Por eso, creo yo, es importante una comunidad que genere desde abajo los eventos artísticos y no consumir solamente lo que la Municipalidad impone como Cultura. El festival Faro está buenísimo, pero sigue siendo una experiencia de lejanía. Más precisamente, cuando el Estado interviene en la cultura, el arte deviene aurático (Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica). Y el aura expulsa de sus objetos a los receptores. La lectura de cercanía (Óxido y Suburbio) conecta experiencia y deseo. En términos de Zumthor, diríamos que la performance no es indiferente a clases sociales, espacios y circulaciones. En las fases de existencia del poema suceden cosas diferentes: en una performance de lejanía se activan solamente la fase 2 y 3, pero en la lectura de cercanía, para alguien que tiene inoculado en sí el germen de la escritura y la creación, activará la fase cinco. La repetición. ¿Y qué se escribe a partir de ahí? Creo que no es necesaria la puesta en acto de una escritura. Pero lo que sí ocurre es una inevitable sensación corporal en íntima relación con el deseo de la escritura. Salve Óxido y Suburbio!

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