14 Poemas: ensayo crítico sobre Animales que no sangran de Manuel Bozzo
14 poemas. 14 poemas son los que constituyen Animales que no sangran de Manuel Bozzo. 4 poemas. Algunos, dice el autor, son largos, por estar divididos en partes. No lo juzgo igual. Son poemas tan cortos como aquellos que caben en una página. Tomo la edición de Patronus en mis manos y no pesa. Pesa menos que al aire al menos. 14 poemas. El libro es también un animal que no sangra. Una animosidad sin cuerpo, una anorexia alegre. 14 poemas. Hay motivos que recorren el libro y su densidad es infinita. Una densidad que sangra. En la presentación en El Trocadero, Matías Vázquez se pronunció respecto a esta nimiedad densa. Referenciaré lo mismo: “colillas que caen al cenicero de lata” en el poema “En la mañana de verano la luz”. Se me ocurre: el gran tema de Animales que no sangran es acaso el mismo proceso de escritura. La escritura y su producto, en el sentido de labor concluida, es un animal que no sangra. El animal que no sangra es, en su escritura, un animal que una vez sangró. El poema, la colilla y el cenicero de lata, son la vaca que Bozzo envía el matadero. La vida es el animal que sangra por excelencia. En el texto opera un vaciado. La sangre se drena, y lo que oculta el título, acaso propuesta programática, es que el autor modificó, violentamente, la representación de las cosas. 14 poemas. 14 poemas que más que nunca en un libro se develan como fantasmas. Allí antes hubo sangre. El no sangrar lo toma Vázquez como una caracterización a priori de los objetos. Yo creo que no. Que si bien los hay que no sangran, también están los que no sangran porque no hay ya tal sangre para derramar. El poemario se convierte así en un museo de realidades disecadas. El precio que se paga por la objetivación de la imagen: la muerte de un devenir.
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